NOTA: Así se va El Gráfico, de repente y sin piedad contra la nostalgia (Sin embargo sigue memorable)

Por Andrés Lasso Ruales

Recuerdo en los años noventa en la ciudad de Quito, cuando salía del colegio Marista (institución, que por cierto, parecía más un campo de concentración que una entidad educativa), lo hacía como becerro desaforado, corría desde la Avenida 9 de octubre hasta la Avenida Colón para alcanzar el bus Colón Camal que me llevara rápido a la casa de mis abuelos: Galo (Tatita) y Blanca (Ñatita). El objetivo era internarme de forma rauda a la biblioteca de mi abuelo y así hundirme en cuentos y novelas, pero en esa edad (12 años) sedienta de gloria futbolera, me deleitaba con unos encuadernados con tapas rojas que contenía fútbol, porque la psión por ese deporte me venía desde las entrañas y me salía por los ojos, como por las historias de aventuras y por los cuentos fantásticos.

En ese acervo personal de mi abuelo, estaban esos libros mágicos, que en realidad eran una selección de artículos, de notas, de reportajes, de perfiles y de crónicas de la revista deportiva argentina, El Gráfico, que mi padre y mis tíos habían coleccionado desde muchachos. No recuerdo cuando fue la primera vez que la leí, pero si puedo evocar nombres como Sanfilippo que años más tarde lo entrevistaría en el barrio Caballito, o Marzolini que en el siglo XXI charlaría en la sala de prensa de la Bombonera, o a Bochini que lo entrevisté en una cafetería de la Avenida 9 de julio, a Bertoni, a Perfumo, al Charro Moreno, a Kempes, a Maradona, a Artime, a Burruchaga, a Ruggeri, a Alonso, a Labruna, a Erico, a Fillol y tantos cracks del fútbol argentino.

En esas revistas las historias siempre estaban acompañadas de una o varias imágenes cargadas de belleza y de rigor artístico y a eso se le sumaba un título memorable. Como cuando el súper héroe de todo niño de los noventa: Diego Armando Maradona, jugó con el tobillo hinchado en el mundial de Italia: “Así jugó Diego (Sin embargo fue Maradona)”, la imagen del tobillo del mejor jugador del mundo después del partido contra Brasil.

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La palabra en El Gráfico era el pincel de medida exacta para construir otras alternativas sobre las gestas deportivas o los héroes del gol. La imagen era el lienzo que acompañaba a los trazos de ese pincel. El único objetivo principal era alcanzar lo memorable para que sus historias, o mejor dicho, sus obras de arte sean leídas en toda época.

Se me viene una tapa que me hizo feliz una tarde completa. La foto: Simón gritando eufórico, Pico arrancado un ojo a Diego “Gambetita” Latorre y la cabellera rubia frondosa de Batistuta en el aire, justo cuando lo está abrazando por no decir ahorcándolo al diez xeneinze, y el título de la tapa: La Fiesta. Se trataba del título del Boca del maestro Óscar Tabárez, en el año 1991.

Después de ver y leer la portada, no quería saber más, deseaba urgente patear una pelota. Entonces fui al parque corriendo y pensado al mismo tiempo que iba a gambetear como Latorre y a definir como el Bati, porque el único objetivo de esa tarde era ser feliz.

La revista: El Gráfico formó sin ser una Facultad de Comunicación a cronistas de largo aliento, a periodistas deportivos y deleitó a hinchas que se convirtieron en lectores hambrientos de fantasía y sutileza. Eso lo debemos a Dante Panzeri, Ardizzoni,Juvenal, Perugino, Mazur, Sacheri entre otros.

Gracias revista El Gráfico por tanta tarde llena de magia y potrero.