ANÁLISIS: La razón no se repliega ante la fe y el extremismo patriótico

 

El 2 de diciembre de 1805, se libró la batalla de Austerlitz, también conocida como la Batalla de los Tres Emperadores, fue una de las mayores victorias de Napoleón. En esa contienda, el emperador francés, hizo creer a sus contrincantes que su ejército estaba diezmado y cansado para que estos se presenten a la escaramuza, y así fue. Napoleón mando a debilitar severamente su propio flanco derecho a modo de anzuelo, suponiendo que los ataques de sus enemigos se centrasen en él. Este flanco sería reforzado con tropas lideradas por el general Davout que se aproximaba desde Viena.

La estrategia fue la siguiente: una vez  que este costado estuviese bajo el ataque aliado Napoleón efectuaría una gran arremetida con 17.000 hombres de su sobredimensionado flanco izquierdo, perpetrando un empuje inesperado tanto en la vanguardia como en el extremo de su enemigo, con este movimiento conseguiría que Francia acabase con el adversario rápidamente. 

El 15 de julio de 2018, Francia jugó su peor partido pero alcanzó la gloria. ¿por qué? si  hizo cuatro goles y si su portero no se sobra y le regala el gol a Mandžukić, entonces la victoria hubiera tenido connotación de arrolladora.  Pero Deschamps,  al igual a Napoleón en Austerlitz demostró ser analítico,  revisionista y reflexivo.

Los franceses salieron a la final de Moscú,  con un planteamiento defensivo y replegado: 1-4-5-1, algunos expertos pondrán  indicar 1-4-4-2  pero el primer tiempo al menos,  Giroud, estuvo batiéndose ahí sólo con dos de los mejores zagueros de la copa: Lovren y Vida.

Pero no estuvo mal, al final  se llevaron la copa porque Deschamps  lo armó todo como él quería,  sabía que los croatas estaban hambrientos de gloria y que iban a poner toda la carne al asador, intentó respetarles  demasiado para luego  sorprender como lo hace el lince a su presa.  Tal cual, como Napoleón en la batalla de Austerlitz dejo que su adversario se crea superior para luego liquidarlo en el contragolpe.

Y no se equivocó.

Mientras que el técnico de Croacia, Zlatko Dalić,  que fue ex monaguillo y  que es un fervoroso creyente,  se jugaba el partido de su vida.  El técnico croata motivado por el corazón y el aire de patriotismo de sus jugadores y de su país decidió jugar al todo o nada, o sea al ataque,  agrandado por sus últimas gestas colocó una alineación ultraofensiva: 1-4-1-5. Con un Mandžukić que demostró en todo el torneo que es un falso nueve, porque también juega de volante y coloca pases gol, y  que  en algunas ocasiones se va por las bandas como un puntero mentiroso porque también juega en ambos flancos porque es ambidiestro.

Croacia utilizó la táctica del juego combinatorio, sus futbolistas dominaron el balón  de a  dos o un toque,  en los primeros minutos  parecía una máquina de pases. Strinić y Perišić por la izquierda y Rebić  por derecha atacaban con centros rastreros. 

Un cabezazo del zaguero Vida auguraba un partido de control y dominio total por parte de los croatas. 

Hasta que llegó el lance donde Griezman finge una falta por el flanco derecho y el juez argentino, Néstor Pitana, pitó sin dudar.

Desde que  ingresó al gramado Pitana falló, primero no debía salir con pantalón  y medias oscuras, para no confundirse con los jugadores franceses que estaban uniformados con un azul marino lóbrego.

Pero parece que la suerte estaba echada para los galos. Al tiro libre fue  a cobrar el mismo delantero francés y de nuevo  como nos tiene acostumbrados  colocó otro centro con efecto, y allí saltaron franceses y croatas,  Mandžukić agarró a Varane pero en el momento que vino el esférico  intentó alcanzarla pero le salió mal, la pelota se fue adentro.

Pitana al igual que Francia pitó su peor partido del torneo por no decir el de su vida.

Pero Croacia no se rindió. Y volvió con todo a tocar y asediar el arco de Lloris. Primero llegó Rebić  que no conectó de forma correcta  y le regaló el balón al cancerbero francés.

A los 27 minutos, llegó un centro por la banda derecha, Mandžukić la bajó para Vida y éste para Perišić, el cuatro la controló con categoría y definió con un zurdazo letal. ¡Goool!

Croacia siguió con la misma tónica,  por la misma banda derecha llegó una bola llovida a Rakitić  y el siete le entró de primera con la zurda, pero el balón se fue lejos.

A los 33 minutos llegó la jugada del partido, ¿qué hubiera pasado si Pitana no sancionaba penal?. Un tiro de esquina cobrado por Griezman al primer palo encontró a  Matuidi, quien peinó la bola para encontrarse con la mano de Perišić, esa jugada se repitió varias veces y se pudo observar que nunca fue esa la intención del croata.

Y ahí fue Pitana, nativo de  Misiones, a donde sus amigos del VAR, ahí estuvo el hombre de remera turquesa tirando a celeste observando el monitor minuciosamente.  Después de mirar, salió al campo, pero enseguida volvió como arrepentido para volver  a ojear la jugada.

Volvió a salir y con un gesto muy hitleriano con el brazo y su pito juzgó el penal. Los croatas se querían morir.

Y allá fue el ariete del Atlético de Madrid. El siete  definió con una frialdad que sólo tienen los grandes.

2 a 1.

Deschamps no lo podía creer. Y su equipo se mantuvo en la misma esperando a su presa,  a  veces en la vida a pesar de planificar también se necesita suerte.

Croacia no decayó como nunca decaen los fieles por su fe,  pero esa intensidad  a veces nubla la razón y el impulso se apodera de la mente para obstruir a la inteligencia y al sentido común.

Al finalizar el primer tiempo, el equipo croata tuvo tres opciones de gol pero no concretó.

En la segunda parte, el estratega galo hizo un cambió sorpresivo, sacó de la cancha al jugador más regular de 'los bleus' en todo el certamen: N'Golo Kanté, porque en el primer tiempo fue amonestado. En su lugar ingresó un regular N'Zonzi,  una buena movida de piezas, ya que sabía que Croacia después del penal se iba a jugar la vida por la gloria. Entonces si le expulsaban a un volante, la cosa se le complicaba, por eso Deschamps se arriesgó en tal caso prefería perder un lateral como Hernández, quien también estaba con amarrilla  y no un mediocampista.  

Al comenzar la segunda etapa, el  joven Mbappé recibió el balón, producto de un pase largo y  le ganó el duelo a Vida, el arquero croata salió y el  diez galo remató pero no pudo contra el cuerpo de Subašić. Croacia siguió con el control de juego, ahora Vida puso un pase espectacular a Perišić pero Varane y Lloris impidieron que la pelota llegue a sus pies.    

Y los muchachos de Dalić no bajaron los brazos. Rebić  tuvo una clarita y remató de zurda pero Lloris como en toda la Copa del Mundo la sacó de forma espectacular. Pero las piernas de los croatas comenzaron a fatigarse. Los franceses se percataron y empezaron a  colocar pases largos,  una tuvo Giroud de tijera que de rebote casi llega al siete del Atlético de Madrid pero Brozović la sacó con las justas.

A los 58  minutos  llegó otro contraataque francés,  por intermedio de Pogba y Griezman, el segundo le bajo una pelota, el seis remató pero fue bloqueada por Lovren pero el otro zurdazo fue directo a las redes.

3-1.

Ese gol fue un cañonazo letal para el ejército de  Dalić. Y a los 68 la joya de este mundial, el muchacho que ahora vale un continente entero,  recibió la pelota  de Hernández y definió  a lo Ronaldinho Gaúcho. Mbappé así como Pelé en Suecia 58, fue la revelación del mundial y junto a Modrić los mejores de Rusia 2018.

Diez minutos más tardes Lloris  fue displicente y regaló una bola Mandžukić y este puso el 4 a 2.

Pero ya Croacia estaba extenuada, golpeada y casi moribunda. Bajaron los brazos y  Francia  se llevó su segunda copa del Mundo.

Deschamps, nativo de Bayona, a pesar que tuvo una manito con Pitana en la final, fue el mejor estratega del torneo, por su capacidad de analizar al rival, de revisar la coyuntura de cada instante del partido y la competencia de reflexionar en el momento indicado. Pero también hay que rescatar que formó un grupo único. Dieciséis hijos de africanos integraron su equipo que demostró que el otro no es un problema sino una solución a las trabas  mentales que tienen algunos políticos como Jean Marie Le Penn  que deseaba que ganen los croatas porque no se sentía representado por  esta selección que acaba de conseguir, nada más ni nada menos, su segunda Copa del Mundo.

 

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