OPINIÓN: La Roja y su pequeño resplandor

Por Miguel Wolter, librero chileno.

Antes de que empezara esta Copa América la confianza en la selección chilena no era abrumadora. Desde que Reinaldo Rueda asumió la banca los resultados no estuvieron de su lado y el funcionamiento colectivo no era lo que se recordaba. Y las nominaciones para cada fecha disputada se sumaban a la lista de polémicas que aún no terminan en el fútbol chileno. Porque falta el ex capitán del equipo, un mediocampista e incluso uno de los goleadores estuvo bastantes fechas sin jugar. Hubo acusaciones de ventilar más allá de la cuenta la interna del camarín y hasta esposas de jugadores han hablado usando sus redes sociales.

Pero todo ha quedado un poco atrás con los resultados obtenidos hasta ahora, con la planificación del profe y los equipos que ha mandado a la cancha. Y han aparecido los referentes y los llamados a serlo. El recambio a medias ha funcionado y el juego colectivo de La Roja se aprecia prometedor. Claro, a fin de cuentas, la experiencia se ha impuesto, no por nada esta selección chilena es la del mayor promedio de edad. 

¿Qué más ha quedado atrás a raíz de los resultados? El lamentable estado del fútbol chileno en general, porque esto que se vive en la Copa América es un pequeño resplandor dentro de tanta opacidad. No olvido que pronto se retoman la Copa Libertadores y la Sudamericana y ningún equipo chileno está dentro de los clasificados. Aparte de las ya reconocidas figuras que juegan en el extranjero (Vidal, Sánchez y Aránguiz) no hay jugadores que deslumbren a ese nivel y las canteras de las selecciones inferiores no vislumbran una mejoría. Menos aún las inferiores de los equipos, sumidos en una crisis que tiene a muchas Sociedades Anónimas (sí, esas mismas que venían a rescatar el fútbol) con números rojos. 

La selección de Chile tiene la posibilidad de alcanzar su tercera final y enfrentar a Brasil, una eterna bestia negra en los últimos enfrentamientos. Y pase lo que pase, seguramente habrá hecho más de lo que se esperaba, pero menos de lo que se le pide. Y quizás alce un nuevo trofeo y sirva como bálsamo social un par de días y sean invitados al palacio de Gobierno como si fuesen un gran logro que tape el descontento social, la alta tasa de desempleo, el paro de profesores, las pensiones de miseria que enriquecen a empresarios, la salud hecha a la medida de privados y cada una de las cifras que hacen de este país tan OCDE y el más desigual. 

Pero el fútbol tiene eso, de eso trata también, de esas alegrías pasajeras en el rectángulo de césped. Al final de eso se trata, de la emoción del grito de gol (buen, ahora ya no tanto, hay que esperar al VAR), de la puteada espontánea, del asombro ante una buena o mala jugada. Es eso y, siéndolo, tampoco se nos debe olvidar que es fugaz y que Sergio Jadue, el ladrón del fútbol chileno, sigue en Miami viviendo como rico y sin que haya justicia. Bueno, este país nos tiene demasiado acostumbrados a eso y si hoy se gana, se nos olvidará por un momento, una vez más.