OPINIÓN: Copa América un gran ejemplo de absurdidad e idiotez

He querido mirar este evento que se nos terminó sin pena ni gloria desde el  prisma de lo existencial, y digo con certeza y lo repito, evento sin pena ni gloria, porque definitivamente la banalización de la ceremonia fue casi absoluta, y eso se debió a varios y evidentes factores, entre los que destacan el mercado, por tanto la venta y exhibición estuvieron presentes, igual estuvo el comerciante y el empresario y con ellos el mercenario a mostrarse, algunos lavaron sus casos personales y otros jugaron a ser turistas; también la tecnología y su poder gamonal intervino con previsibles resultados.

 e jugó sin responsabilidad, y el cliente dejó de ser un espectador o aficionado para ser solo un ente que tiene que consumir la moda vendida. La gran mayoría saldría satisfecha si lo captaron en la pantalla del estadio, y comentará lo bueno o malo de la comida, hasta recurriría a alguna anécdota de tinte político para salir del apuro y decir algo, pero en realidad la ceremonia del futbol pareciese que solo fue recuerdo, una agonía que hasta pudo perder su nombre. 

Ya no importó el fútbol. El fútbol fue lo último que se jugó en esta Copa, que como anexo colindante diría que los héroes, y la antropología, y los valores, y el respeto al juego quedaron sólo para idealizarlos. 

Y para sumar la prensa siempre está de viaje en otra dimensión, siempre superlativo, ellos miran lo que nadie, y digo nadie puede ver, ellos si se debaten entre el fuego de una ceremonia que la inventan y la alientan con un empacho que parecen convincentes, y claro ante un cliente idiotizado es fácil vender humo. Así la candela periodística siguió haciendo señales de humo que obnubilaron a un poco de giles.

Se juega para nada, ni a los dirigentes les importó, ni a los jugadores, ni a los clientes, a nadie le importa ya nada. Se banalizó la ceremonia al punto de estado de coma. Para qué seguir un certamen de esta naturaleza si no importa. Ya mañana olvidaremos esta nube de engaño que no genera un recuerdo. Para qué continuar con un deporte que ha perdido completamente su sentido de deporte y se ha tornado en un mercado generoso para pocos.

El futbol actual es la expresión mayor del absurdo que se vive, que desenmascara una sociedad denunciada por la filosofía del existencialismo como sin sentido, como sin horizonte y vacía, sin propósito ni redención. El futbol es ahora una ceremonia sin arte, y solo y propiamente un mercado, está vacío, divorciado de todo lo que algún día fue, un refugio de la realidad, una realidad paralela, que permitía la fuga. Ahora solo reproduce el sistema que detona la idiotez en cada certamen.

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