EDITORIAL: Basta de hipocresía, acéptelo… el fútbol es política!!!

No me gusta trabajar con incertidumbre, la incertidumbre genera desconfianza, genera angustia y no es precisamente lo que necesita el futbolista, lo que necesita el ser humano para rendir a tope, hoy ese proceso, esa continuidad está en veremos, hoy he conversado con el vicepresidente y he puesto mi cargo a disposición, es sabido que durante este tiempo hemos venido conviviendo en aguas muy turbias porque estamos muy politizados y hoy lamentablemente hemos vivido una experiencia muy amarga, muy  triste que me tiene muy desilusionado…“ declaraba el entrenador venezolano Rafael Dudamel en la rueda de prensa posterior al partido en el que su equipo, la selección absoluta masculina de Venezuela, la Vinotinto, había conseguido un histórico resultado al derrotar por 3 goles a 1 a la Argentina de Leonel Messi en el Wanda Metropolitano de  Madrid, resultado deportivo que evidentemente incita a pensar que de una vez por todas Venezuela tiene con que aspirar a conseguir por fin la clasificación a la fase final de un mundial absoluto masculino de la FIFA.

Luego, cuando un reportero de CNN le pedía a Dudamel que hiciese un resumen de lo que sucedió, el yaracuyano agregó: “Hoy sencillamente estoy luchando por el respeto a nuestra selección, a nuestros futbolistas, hubo un irrespeto, una politización de parte del embajador de Venezuela en España de parte del señor Guaidó, nosotros amablemente le atendimos, respetuosamente le tratamos, con el acuerdo que se había una foto o había un video era para consumo interno, porque estaban saludando a los futbolistas y lo politizaron hoy fue denigrante, lamentable como han actuado…“ agregaba el adiestrador al resumir la molestia que le ocasionó  la foto que hizo pública el departamento de prensa de Antonio Ecarri, embajador y Jefe de la Misión Diplomática de Venezuela en España designado por Juan Guaidó, actual presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela y parcialmente reconocido como presidente encargado de Venezuela.

Aunque no se sabe si finalmente Dudamel, el hombre que por experiencia, temple y conocimiento, parecería tener reservado el papel de héroe para llevar  a la Vinotinto a su primer cita mundialista, continuará o no  en su cargo, hay dos lecciones precisas, filosas y puntuales que se pueden sacar en limpio de su punzante reacción. La primera le da la razón al exportero: trabajar obedeciendo a dos jefes al mismo tiempo, si bien no es imposible, tal como lo demostró la Vinotinto en Madrid y lo demuestran los venezolanos que permanecen residiendo en un país que guste a quien le guste, en la actualidad según a quien se le pregunte, reconoce a dos presidentes (reconocimiento doble que se extiende a la comunidad internacional), merma la ilusión y posibilidades de rendimiento laboral, profesional y de la vida misma, por lo que la dicotomía directiva y la polarización son un hándicap con el que correrá el destino de esa ilusión llanera de por fin ver a la selección del color burdeo en su primera gran cita entre las mejores selecciones de fútbol del planeta.

La segunda lección contradice a lo declarado por Dudamel: no fue Guaidó ni sus representantes los únicos que politizaron al fútbol ni a la selección de Venezuela,  el fútbol desde el momento en que se convirtió en un espectáculo de masas se convirtió en política, y esto lo entendió la clase dirigente desde hace muchas décadas en toda Sudamérica, y claro, Venezuela no ha sido la excepción, peor aún durante el Chavismo que comprendió desde muy temprano la fortaleza e importancia de este deporte entre la ciudadanía, tras constatar como el balompié permitía trasladar a sus conciudadanos valores patrióticos, uno de los pilares sobre los que se sustenta el socialismo bolivariano propugnado por el fallecido teniente coronel Chávez, por lo que el fútbol pasó a formar parte de la agenda presidencial con vistas a la disputa de la Copa América en Venezuela en el año 2007. La instrumentalización del fútbol, como arma electoral o simplemente como recurso populista, ha impregnado tanto al chavismo como a sus oponentes políticos desde hace dos décadas.

Por lo que decir que ahora el séquito de Guaidó ha utilizado a los futbolistas de la selección para sus intereses, es plantear un escenario victimista muy fuera de sitio. Con la llegada del Internet y la apertura de esa zona franca de acceso al conocimiento para quienes prefieren acercarse a una verdad más verdadera que la que dicta el poder de turno de la mano de  sus instrumentos y medios aliados o subordinados, la  ganga se ha acabado para muchas sanguijuelas del poder que se alimentaban de la ignorancia de aquellos que como cotorras repetían el “no se debe hablar de religión, ni de fútbol, ni de pollitica“ entre vecinos.

Charles Spurgeon, famoso pastor bautista conocido como el “Príncipe de los Predicadores“  dejó entre sus enseñanzas que  “solo los tontos creen que la política y religión no se discuten: es por eso que los ladrones siguen en el poder y los falsos profetas predicando“. Seguir creyendo que el fútbol debe estar al margen de la discusión política responde o a la idiotez de gente que decide no pensar, o peor aún, a una premeditada gana de una clase dirigencial interesada en  mantener ignorantes a sus electores.

A los futbolistas  profesionales de hoy en día, y a la gente que tiene el privilegio de estar en esa élite del deporte con más adeptos del planeta, tan cosmopolitas, tan influecers, tan milenials, tan modernos y tan seguidos por miles o millones de followers, debe inculcárseles si no exigírles que como le sigue pidiendo  a Dios casi durante cuarenta años León Gieco en su canción,  que  el dolor no les sea indiferente, y que entiendan que no son ajenos a su sociedad, ni en Venezuela ni en ninguna parte del mundo. Es tiempo de exigir que los referentes de nuestra sociedad piensen y hagan pensar,  al fin al cabo y como sentenciaba Bertold Bretch en su texto El Analfabeto Político:

El peor analfabeto es el analfabeto político.

El no ve, no habla, no participa de los acontecimientos políticos.

El no sabe que el costo de la vida, el precio del poroto, del pescado, de la harina, del alquiler, del calzado o del remedio dependen de decisiones políticas.

El analfabeto político es tan burro que se enorgullece e hincha el pecho diciendo que odia la política.

No sabe el imbécil que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, el asaltante y el peor de todos los bandidos, que es el político corrupto y el lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.

 

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