El Mercado de piernas (Cuento-Ficción)

El Mercado de piernas (Cuento-Ficción)

*Esta es una obra de ficción. Los nombres utilizados son inventados. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

 

La época es la Colonia. Cartagena es un infierno, el calor y la humedad no les sientan nada bien a los serranos Espinoza y Orellana que sufren por la humedad. Sus camisas de fino telar hechas en Quito parecen un trapo húmedo que encierran malos olores producto de su nobleza.

Segundo Carabalí, bautizado en el puerto por ser el esclavo número dos que embarcó, camina para la tarima armada para el mercado de piernas. El primer esclavo sucumbió al viaje, a los malos tratos y al hambre. Se comenta que fue un suicidio prolongado y tortuoso.

Los dos empresarios se miran a la cara y saben que van a pelear por Carabalí. Es un delantero neto. De esos que van siempre para al frente, contextura grande, físico prominente, si no es para las minas, que es como la Primera A, seguro lo prueban en una hacienda para que se acostumbre a la altura. El negro les va a dejar forrados en plata piensan en conjunto.

En la primera oferta Espinoza pide el 50% del pase y le aseguran a Carabalí que dormirá en una covacha grande con los demás del equipo (no quiere que el negro se agrande) y que máximo tendrá 100 latigazos durante el año. Ponen una recesión del contrato si le agarra alguna enfermedad o lesión. En ese caso lo botarán en una quebrada para que sea comida de gallinazos.

Eso no le convence al representante del Barco dueño de sus derechos federativos. Orellana extiende una mejor oferta en la que compra el 70% del pase y le dan un uniforme nuevo con zapatos, se mantiene los 100 latigazos pero si tiene lesión o enfermedad lo pondrán como sirviente de las cloacas.

Oferta tentadora piensan pero Espinoza saca su as bajo la manga. El 100% del pase, covacha especial, entrenador para la altura, lo alimentarán dos veces al día y no solo una y encima Espinoza, pobre empresario sacrificado, dice que comprará a uno de sus hijos para que le hagan compañía.

Orellana ofrece lo mismo pero agrega que lo colocará en una mina sin pasar por hacienda. Eso encandila los ojos del representante del Barco, piensa que si Segundo sale goleador o trabajador, que da lo mismo para este caso, se le abrirá un mercado más grande en América del Sur. En tono serio grita vendido.

En el 2015, Segundo Carabalí es goleador del Libertad de los Santos Guasmos. Espinoza y Orellana empresarios, observan su actuación desde la tribuna de madera. Sudán agobiados por el calor de ese pueblo miserable de la costa del Pacífico. Sus camisetas hechas en Vietnam de marca Polo almacenan un olor nauseabundo de una mezcla de Axe y Tommy. No necesitan mirarse a la cara, saben que ese negro goleador les puede hacer millonarios.

Se termina el partido y el mercado de piernas empieza. Los dos se acercan al dirigente del club y dueño de sus derechos federativos. Segundo Carabalí observa desde un rincón y piensa que poco ha cambiado el mundo y al mismo tiempo se alegra de que por fin podrá tener zapatos nuevos.