OPINIÓN: Bolillo tiene razón

Faltan algunas horas para el partido con Japón. Hernán Darío Gómez se sienta frente a los mismos micrófonos que lo aterrorizaron dos días atrás, después de la derrota contra Chile. Es un hombre que se siente amenazado por los resultados. Siente que debe buscar una excusa profunda para justificar la bochornosa actuación de Ecuador en la Copa América. Saca una muletilla, una frase hecha, que se nota que no la estudió previamente, y dice: “La selección es el reflejo del país”.  

Sin querer queriendo Hernán Darío tiene toda la razón. El Ecuador es un país que jamás pudo elegir bien. No es necesario viajar en el tiempo y pensar en el burdo general Flores, un mercenario, elegido primer presidente del Ecuador. Ni mucho menos observar al cura que presuntamente falsificó documentación y ahora es presidente del Consejo de Participación Ciudadana. El Bolillo es parte de ese cúmulo de malas decisiones. El ecuatoriano tiene un gusto por las relaciones tóxicas. Le gusta que le roben, que le engañen y la trinca o sapada.

Gómez admitió en rueda de prensa que en Ecuador le ponía jugadores. Admitió que existe corrupción y que fue parte de ese trato entre privados. En el entorno de fútbol ecuatoriano se conoce la putrefacción de entrenadores que cobran por hacer jugar. De empresarios que falsifican identidad y hacen jugar a pasados de edad. Es más, el país entero festejó un tercer lugar en el mundial producto de la sapada y del juego sucio de traficantes de edad. Los peores son los dirigentes que se aprovechan de jugadores, de viajes y de los hinchas. Sin olvidar de los periodistas amigos que socapan y encubren.

El Bolillo tenía razón. El fútbol ecuatoriano es reflejo de la podredumbre. Hernán Darío Gómez es parte de esa descomposición. La sociedad ecuatoriana normalizó tener líderes y dirigentes cuyo pasado es de violencia, de robo, de trampa, de relaciones cuestionadas con políticos y empresarios. El Bolillo tiene razón “La selección es reflejo del país”.