Opinión: El fútbol murió antes del Coronavirus

Los partidos sosos, sin categoría, con mediocres jugadores que solo intentan engañar al árbitro y árbitros que fingen ser engañados, son la cotidianidad en los Andes de América del Sur. Dirigentes corruptos que tratan a los jugadores como esclavos del siglo XIX, empresas que auspician esta esclavitud y un Estado que se hace de la vista gorda es el día a día en el fútbol mundial. Este virus llega para que la gente pueda desintoxicarse de campeonatos intrascendentes, de partidos que se repiten una y otra vez debido a la desigualdad económica y a la necesidad de la televisión de poner un producto llamado clásico.

El Coronavirus puede ser exactamente lo que necesita el aficionado. Volver a lo esencial del juego. Dejar de escuchar entrenadores sobrevalorados que se creen más importantes que científicos y que ganan más que profesores. Dejar de ver la prostitución cotidiana y coyuntural en la que se han vuelto los programas deportivos. Manipulados por seres que desnudan una capacidad intelectual limitada al chiste fácil, al grito y al chisme.

La cuarentena es un buen momento para regresar a ver un buen clásico de los 80. Sentarse con sus hijos, con su compañero de departamento, con los abuelos, con su esposa, amante, novia, novio y mirar al Milán de Arrigo Sacchi, al Palmeiras de Felipao, al Sao Paulo de Telé, a River del Bambino, a Boca de Coco, al Colo-Colo con Pizarro, al Atlético Nacional de Higuita, al Barcelona de Romario, entre tanto otros.

Recuperar el amor por el deporte. Es necesario dejar de ser engañados por una simulación semanal, por un bombardeo de partidos que construyó la televisión. Hay que recordar que el fútbol es un deporte que pueden jugar todos y todas. Que no está ligado a un grupo limitado de personas. Que la táctica y la técnica se pierde cuando se entra a la cancha. El fútbol murió antes del Coronavirus, resucitarlo y recuperarlo de las mafias que ocasionaron la metástasis de este deporte es necesario y un paso importante si se quiere recuperar la esencia del ser humano. Algo que esta crisis ha demostrado que hemos perdido.

El fútbol es el microcosmos de la vida. Las imágenes de peleas en los supermercados, de víveres siendo saqueados, de grandes cantidades de papel higiénico siendo acaparadas, demuestran que el fútbol no está lejano a lo que vivimos. Un deporte sin honor, sin solidaridad, egoísta y mezquino. Como dice un buen amigo: “Los changos son más nobles que nosotros, incluso para robar piensan en comunidad”.   El fútbol murió antes que el Coronavirus y el mundo estaba enfermo antes que esta pandemia.

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