Crónica: Ole Ole Ole Cholo (Cortesía de pedrocamilomonteros.com)

Soy hincha o aficionado de un equipo de fútbol de cada país en el que he vivido. Así, tengo siempre un motivo para sufrir y para alegrarme, me sirve para mantenerme vivo, ilusionado y angustiado. En España soy del Atlético de Madrid y lo soy desde siempre, desde que tengo uso de razón. Las camisetas del cuadro colchonero son tesoros preciados para mí. Tuve alguna cuando era un pequeño gordito que caminaba dando tumbos buscando afianzar mis pasos. Pasaron muchos años para que yo volviese a tener una elástica del equipo de las rayas rojiblancas que se asemejan a las de los antiguos colchones que se utilizaba a principios del siglo XX en España.

Cuando llegué a España en 2003 el Atlético era un equipo que había perdido el lustre, y su grandeza estaba en entredicho. Como aspirante a la “Liga de los normales” lo habían adelantado primero el Deportivo de La Coruña y luego el Valencia. El Atleti ya no era el tercero en discordia, no era ni un club, ni un equipo capaz de darle pelea al F.C. Barcelona y al Real Madrid, que en una trayectoria opuesta, crecieron vertiginosamente y se convirtieron en clubes capaces de construir equipos de futbol con verdaderas selecciones mundiales. Debo reconocer que incluso aprendí el significado de “pupas” cuando siempre que le decía a alguien que soy del Atleti me contestaba un burlón “ah, del pupas”. Si pupas significa herida, el Atletico de Madrid era la herida que nunca cicatrizaría.

Casi todo el tiempo que viví en Valencia, casi una década, el Atlético fue un equipo de medio pelo, que apenas peleaba por un puesto europeo. Recién en 2011 lo vi ganar una Copa, la recordada UEFA contra el Fulhamm en Alemania, con Agüero y Forlan conformando una temible dupla atacante. Recuerdo con claridad cuando se iba del cargo Quique Sánchez Flores, entonces uno de los pocos DT ganadores con el Atleti, declaraba que no entendía como podía salir él de un club, al que veía capaz de no volver a ganar nada en Europa en 40 años más.

0 sobre 10 fue el resultado del pronóstico de Sánchez Flores, porque luego de su sucesor Gregorio Manzano, llegó al club el famoso Cholo Simeone, uno de los héroes del doblete, un hombre nacido para jugar y dirigir el Atlético de Madrid y la Selección Argentina. El Cholo siempre ha tenido lo más importante que debe tener un deportista: carácter, capacidad para aprender y superar la frustración con trabajo. Se educó con hechos para forjarse. Con su llegada el crecimiento del equipo y del club fue superlativa. De ser un equipo de media tabla, pasó a ganar títulos europeos (3 Europa Leagues), a alzarle la voz y discutirle la Liga española al Barcelona y al Real Madrid (gano una Liga), y la Champions a cualquiera.

Simeone no solo hizo crecer al equipo, en el tiempo que lleva trabajando en el Atleti, recondujo el timón de un club que tenía una deuda con la Hacienda pública española cercana a los 200 millones de euros, consiguió que en un lustro el número de socios pasara de 60.000 a 100.00, que la marca Atlético de Madrid se convirtiese en global, que el club se tuviera que mudar a un estadio más grande, que el Atlético se convirtiera en un reclamo para turistas que visitan Madrid, hizo que el Colchonero abandone el fichaje de monedas al aire y jugadores para pelear puestos mediocres, y lo convirtió en un club capaz de comprar y vender mega cracks mundiales, hizo un conjunto capaz de pelear por todo siempre. Abandonó claramente el medio pelo para recuperar una historia de grandeza que si bien le correspondía, estaba bastante extraviada.

La espina clavada de la Champions con las dos finales más tristes, contra el más enconado rival de patio, siguen manteniendo eso sí, ese puntito de dolor que también nos recuerda lo que también es el Atleti.

Dicen los medios especializados en fútbol que el Cholo es actualmente el DT mejor pagado del mundo, que gana bastante más que los genios Guardiola y Klopp. Cada centavo que se embolse se lo merece, se lo ha ganado con trabajo, porque con mil millones es más fácil comprar todo para intentar conseguir la gloria, pero empezar con un club quebrado, resucitarlo, alzarlo y mantenerlo arriba en el tiempo, es cosa de un héroe.

En este 2020 en el que algunos periodistas de fútbol en España se escandalizan y hacen una campaña de goteo, poniendo en duda la continuidad del Cholo, preguntando día sí y día no, si devenga el dinero que cobra y si está desgastado, comparto esta camiseta, del gran héroe colchonero, feliz de que siga en el Atleti hasta cuando le de la gana. Me la regalo mi amigo Greg (con genial asesoramiento de mi mamá) en mi último cumpleaños, es la camiseta clásica con la que el Cholo jugó en el doblete de Copa y Liga del 96. Que el “Ole ole ole Cholo Simeoneone” que ahora suena en el maravilloso Estadio Metropolitano retumbe por siempre en agradecimiento a un entrenador que ha sido capaz de reflotar un club.