CUENTO: Tres historias para la extinción. (Basadas en hechos reales)

Canga la pasa para Carabalí, Carabalí desborda por la banda, cerca de la vereda, evade una alcantarilla y patea al arco. La pelota rebota en el camión y golpea la ventana de Don Elver sin romperla. Washo en el arco la saca de punta y para arriba. Peter Cedeño salta con sus chanclas de dedo y la roza. En el aire escucha la sirena y da la voz de alerta al barrio que como ganado desbordado salen corriendo para escabullirse de la policía. Llegan dos motos que en su paso dan toletazos sin preguntar. Atrás un patrullero que busca atropella a cualquiera. Al final de la caravana un camión de bomberos que solicita comedidamente que la gente se quede en su casa en cuarentena para evitar el contagio. Los seis miembros de familia más 5 hijastros de doña Petunia entran a la casa monoambiente sin aire acondicionado. Petunia prefiere que vayan a la cárcel y que a ella le contagien de CoronaVirús antes de volver a su hogar. Los medios les tachan como ignorantes e irresponsables cuando trasmiten la noticia desde el fresco estudio.

En otras noticias aparece López Obrador, presidente de México, interpretando a Chaparrón Bonaparte y su ministro de Salud que parece Lucas. Gracias le dice el presidente y la autoridad de salud pública le contesta no hay de queso sino de papas. Toma la palabra y en un confuso discurso dice que mientras más contagiados del virus mejor para el país. Finaliza y solicita a la prensa que le digan licenciado. La primera autoridad atiende algunos requerimientos de los medios y anuncia que su plan frente al virus es igual de efectivo que su plan en contra del narcotráfico. La muerte aplaude de pie y sin cesar. Mira a su ministro y culmina la intervención afirmando: “La gente sigue diciendo que tú y yo estamos locos”.

En Buenos Aires, un hombre escucha el discurso del presidente mexicano en CNN radio y le parece bizarro. Se siente enfermo y por eso decide irse a la Costa, a Pinamar, para que la cuarentena lo coja en el mar. No asocia su fiebre, su tos seca y su dolor de garganta con el virus ni mucho menos con el beso que le dio a su amigo llegado de Italia 5 días antes. Pasa por el supermercado, compra papel higiénico y carne para el asado. Después estornuda, da la mano, besa y se sube a su carro listo para el viaje. En la entrada del pueblo de veraneo los controles se intensifican, le toman la temperatura y tiene 39. A la noche el presidente sale con cara de asustado y anuncia cuarentena general ante la aclamación de la Cámpora.

América no tiene memoria. Los virus la tienen y saben que una vez acabaron con más de la mitad de los pueblos originarios. Ahora buscan superar el récord. La sociedad allana su camino a la extinción. El sueño de Viracocha se acerca a la realidad. Los occidentales dirán que fue predicho por Nostradamus.

 

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