CUENTO: Saulo de Tarso, el cartero por Carlos Gallego escritor argentino

Estos personajes aparecen así, de pronto, en medio de la nada, como si fueran importantes y después, cuando creemos que lo son, su prontuario asoma a los tirones y termina desmintiendo todo. Me voy a arreglar con los chismes disponibles. No se sabe bien cuando nació, ni cuando murió, ni donde está sentado. Pongamos que nació en un lugar de Asia llamado Tarso y de ahí en adelante, meta Tarso, nomás. Ahora viene el varieté: Este pueblito estaba en la actual Turquía, así que turco antes de Turquía, pero judío por origen, pero ciudadano romano, pero helénico por raíces, pero fariseo consuetudinario (fariseo significa separado, por eso andaba apartado) o sea opositor, siempre opositor, para llegar a senador. Como nota de color (a elección) los fariseos impusieron la moda de “rasgarse las vestiduras” y todo eso. Falsetes hasta para las mentirillas, siempre. Seguimos de frente con su perfil: medio desprolijo el tipo, recortado justo ahí, ay! casi de fábrica y sin que se le conociera novia, ni novio. Misógino entusiasta con rechazo enfervorizado al sexo opuesto, se ignora si por amores contrariados. Los amigos del barrio decían que era difícil de entender, lo cual es una marca. Con este escueto relato de un CV mucho más amplio, pero incierto, es fácil imaginar que si el tipo no tenía algún sueñito aliviador pintaba para border line clavado. Para colmo faltaba un rato largo para Freud así que, para descargar tensiones, se entretenía persiguiendo cristianos. Su lema era: fuera el cipayo imperialista, no, perdón ese es más reciente. Su lema fue: convencete, dale, y al rato de insistir, con voz un poco impaciente, convencete infiel y la madre que te parió! Y pasaje al exterior, en su caso.

El muchacho vivía como el clavel, del aire. Un día de aburrimiento se juntó con unos amigos y arrancaron para Damasco, no para buscar trabajo, por aquello de que el que busca, encuentra. Para alguna persecución, si se presentaba,  o para  ver cómo era el nuevo shopping. Y en esto de ver, nadie como los futuros católicos para las apariciones, nadie más ubicuo ni más oportuno. Con sólo repasar un poquito todas las versiones, lugares y necesidades del momento histórico, se verá que se repiten bastante (a) parecidas, siempre providenciales y estratégicas. Y nada de “soñar y nada más, un mundo de ilusión…”, no, todas para archivar, venerar y creer, por supuesto. No sé si en ese orden.

Estaban llegando y se descerrajó el fenómeno. Paren, paren!  Que me viene una visión, gritó Saulo. Se arrodilló como manda el manual de las apariciones y esperó, mientras cantaba “un rayo misterioso hará nido en su pelo”. En tanto llega la visión invoquemos a un Saulo criollo (Benavente), este sí auténtico y escenógrafo celestial, para preparar la escena: Luz intensa, intensísima (Y sí, sería de porquería una visión en la oscuridad) viniendo de arriba como todas las apariciones que raramente son de costalete. Y sí, siempre se invoca para arriba (salvo caso Pachamama)). No da para pensar a un tipo recibiendo una visión luminosa y mirando al suelo, menos que la imagen aparezca y hable desde allí, vamos que es un lío este tema. De arriba, entonces, cielo suspendido, (dale que el ñato sigue de rodillas). Escuchó una voz que le preguntaba ¿por qué me perseguís viejo, yo que te hice? A lo que Saulo (asombrado, claro) también preguntó: ¿y quién eres Señor? Por las dudas ya lo nombró así, con mayúscula, porque intuyó que venía algo pesado. –Soy JC, pero dejate de embromar y júntate con nosotros que en el negocio este de la eternidad hay para todos (esto último se lo batió un poco más bajito para que no oyeran los otros muchachos que estaban con la oreja larga y miraban extrañados el monólogo del amigo). –Andá, llegate a la ciudad y después te voy a decir cómo vamos a hacer. Saulo se levantó, se masajeó un poco las rodillas, enderezó los mocasines que le habían quedado muy arqueados, y le cantó a los amigos: -muchachos, no veo un soto, estoy encandilado. Los gomías que no entendían nada, pero respetaban el momento, lo agarraron de las manos y aprovechando la ronda se fueron cantando: “estaba la paloma blanca, sentada en el verde limón”, mientras daban saltitos infantiles.

Al llegar a la ciudad tuvieron otra visión, pero real. Al pasar por la casa de un artesano que estaba arreglando un ánfora abollada, a lo que él contribuía dándole golpes con un pequeño martillo, éste (el artesano, no el martillo) sin levantar la vista, nombrándolo, le dijo: “Tené cuidado. Son como las tormentas, terribles pero siempre inocentes”, y siguió trabajando. Los amigos, que todavía estaban tomados de la mano, se soltaron, acostumbrados a la tibieza pero un tanto avergonzados. No digas nada, le espetaron cancheros a Saulo, ya lo pescamos, eso es una alegoría. Saulo iba recuperando la visión. No!, la suya.

Caminaba meditabundo. El laburo es el mismo, perseguir para un lado o perseguir para otro, no cambia tanto. Lo que sí cambia es el negocio porque hasta ahora vengo “para gratis” nomás. Alguna changuita, alguna expropiación voluntaria, pero nada seguro, todo trabajo precario hasta que venga algún chiflado y cambie la bocha y se acabó el laburo. Además tenía su sangrecita para los negocios, así que no necesitó tantas cavilaciones. No obstante para no parecer muy interesado (argucia que recién estaba en sus comienzos) y sacar alguna ventaja extra, se mostraba dubitativo, difícil de convencer, olvidando que el bueno de JC, sabía todo, porque estaba en todas partes de adentro y de afuera. Saulo todavía no tenía muy claro esto. Pero JC necesitaba obreros y aunque sabía sus agachadas (todas) las dejaba pasar y le seguía el juego. –Dale, Saulito, no perdamos más tiempo, convertite y listo. Metele que hay laburo atrasado y nos va a agarrar la temporada sin stock. Esto va a ser una pegada y tenemos que estar desde el principio, sino después vienen los imitadores y embichan el negocio. –Ta bien, ¿cómo es el tema? Santa palabra. Y ahí arrancó la fábula con todo, y JC lo urgenteó desde el vamos: -Metele maestro que tenemos que armar el Nuevo Testamento y todo eso.  Vos acomódate, sacá lápiz y papel, bah, vos sabés, cuero y cuchillo, piedra y punzón, lo que te quede más cómodo, porque estos de las compu todavía ni empezaron. Al principio va a ser medio lento pero una vez que le agarremos la mano, vamos a andar un fenómeno.

-Pero vos sos más antiguo que… (y no encontró nada para comparar, claro), tengo papiro también. Ecológico, para que no empiecen desde ahora los de green pace.

La visión ya se había hecho más familiar, sin iluminación ni estridencias. La voz sin anuncios y sin escenografía, resonando a toda hora.

-Antes de empezar una cuestión de seguridad. Vos hacé back up de todo, viste como es todo esto. Se te pierde y tenés que empezar de nuevo. Un garrón porque nunca sale igual después.

-¿Back up? Preguntó demudado Saulo. ¿Tengo que hacer todo por duplicado? ¿Trabajo doble por el mismo precio? (sangrecita funcionando).

-Eh che, al final sos un interesado. Esto es por la vida eterna, por la salvación. Aflojá un poco.

-Si, aflojá, aflojá, pero el único que labura soy yo.

-Ah sí, miralo al hereje este, desagradecido. ¿Y mi laburo intelectual no vale? Vos sabés el tiempo que me llevó y me lleva armar todo esto. Dale mirá, porque si seguís con las quejas ni el nombre te vas a merecer. Qué tipo che. Al final son todos iguales.

Y vos, generoso lector, agradecé que te la estoy haciendo cortita.

Y largaron nomás. Con epístolas a troche y moche. Cartas, que le dicen. Las Paulinas, o sea suyas de él porque ya empezó a usar el seudónimo de Paulo, a los romanos, a los corintios, a los gálatas, a los filipenses. El rumor dice que la más antigua, la que largaron para probar el ritmo de dictado-escritura, fue a los tesalonicenses de Tesalónica. Decían en el barrio que la única que hizo sin que le soplen fue la carta a Filemón. Las otras tienen algunas discusiones sobre los derechos de autor.  Todavía.

Lo raro es que este muchacho, que no era ni suplente en el equipo de los Apóstoles y que no lo comprendían ni cuando perseguía cristianos, ni cuando JC le compró el pase para su equipo y a partir de jugar en primera se dedicó a perseguir al resto del mundo, tenía carisma y muchos seguidores. Nada nuevo. Un Advanced TV star cuyo seguimiento nunca tendrá explicación.

El ñato abarcó y apretó lindo. Hizo el mejor marketing de la historia imponiendo un producto que nadie había visto. Recorrió el Imperio introduciendo su nueva versión de la religión, por la que fue arrebatado y subyugado en un periquete, con el mismo fanatismo que traía en sentido contrario.

Se metió en todo, como buen misionero evangelizador, cumpliendo más allá del laburito de amanuense epistolar del comienzo.

El laburo era agotador. JC dictaba 27 horas por día, porque el día tenía las horas que él quería. Bah, eso es lo que decía Saulo. Hay que reconocer que tenía letra y música para rato. Medio lento para copiar sus ideas pero iba cumpliendo con los pedidos. Contaba que JC lo urgía siempre con la misma pregunta: ¿“terminaste la epístola de ayer”? Entonces para no sentirse perseguido (justo él) terminó diciéndole: -Mirá vos largá todo que yo me acuerdo y si me olvido algo, relleno. Vos no te preocupés, andá tranquilo que yo me encargo, y desde ese momento se independizó. Y JC lo fue dejando, según la visión novelada (recordar siempre!), porque le vio buena uña para guitarrero. Y así fue. Activo activista y se movió por todo el Imperio, lo que es un decir porque, como todo, no fue así.  El territorio era muy grande y caminarlo entero era imposible. Pero como anticipo de sangre charrúa, tenía garra y mística, justamente y al estilo de un cuatro uruguayo persiguió a todos los que tenían otra camiseta. A los que alcanzó los convirtió en fieles, a los que no pudo convertir los envió nuevamente al seno materno. Por las malas, claro. Esto se llamó más tarde “apasionada personalidad” (Comparar a voluntad con cualquier otro personaje “apasionado” por imponer su idea).

Esa mística, en la cumbre de la calidad, se metió de lleno en la globalización del Imperio. Todo lo que publicaba en las redes callejeras se fue filtrando, impulsado por apretadores menores, en todas las actividades. Hasta en el cine y los fuegos artificiales. Recorrió todos los temas: pecado original, redención por sufrimiento y todo eso pero como el poder enferma empezó a pifiar fulero en temas sensibles: Rechazo al sexo (eso no, dejá algo para la tribuna!), subordinación de la mujer (perdiste pista viejo, eso ni con cien epístolas). La pifia más grande, la que marcó su decadencia, fue cuando le empezó a patear el traste a los judíos. Mal Saulito, ahí no! No hizo caso, porque una de sus virtudes era la terquedad. Le decían: No, mirá que contra la paciencia infinita no se puede, no te metás, dejá que hay lugar para todos, pero no. Ya no escuchó más. Y nunca más se cosió el saco roto.        

La misión estaba cumplida pero dejaba un lastre imposible de cargar.

Terminó en un caserón de Villa Borghese, sonriendo sin saber, con los tatuajes irreconocibles por las arrugas, las orejas caídas por los colgantes, y los anteojos de sol en la frente porque ya se le habían terminado el pelo, las visiones y los deslumbramientos.

Ni tres vidas hubieran sido suficientes para escribir las cartas que “escribió” el mentado Saulo, cuyo nombre de fantasía terminó en Paulo. Lo que no terminó fue la fantasía. Pero, generoso lector, si le sirve, vaya con Saulo o Paulo. Elija bien.

 

 

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