CUENTO: Paráklito! (Especial para Golazo de Carlos Gallego escritor argentino)

Antes, cuando le decían así (o parecido) a alguien, seguro se enojaba, porque sonaba a insulto y porque el trabajo era la esencia de la dignidad humana. Mi antes tiene unos treinta, cuarenta años. Ahora se ha desteñido bastante este tema con la asistencia, los subsidios, las dádivas políticas y las limosnas  o sobornos electorales. La cultura del laburo se quebró y hasta vuelve a ser considerada cosa de giles, en muchos casos.

El Paráklito del título, más complicado, es nombre de origen griego (estos griegos anduvieron mucho por la Mesopotamia de los Sumerios y “aprehendieron” todo) y significa “invocado”.

Luego aparece una compleja noción bíblica mediante la cual se describe al personaje como una “realidad espiritual”, y ya arrancamos mal. No sólo porque cada uno lo interpreta en versión libre, sino porque la expresión es un contrasentido en sí misma, un oximorón. “Espíritu” es una acepción que refiere a algo inmaterial. Precisamente su antónimo es “físico”. “Realidad”, como sustantivo, refiere a algo o alguien de existencia efectiva, perceptible a través de los sentidos.

Es imposible, entonces, teorizar sobre una realidad que no se puede percibir con ninguno de los sentidos. Que son cinco, más algún otro que anda por ahí sin reconocimiento todavía.

Ni la Biblia da una noción única. ¿Cómo podría?

Por siglos discutieron el tema sin ponerse de acuerdo. ¿Cómo podrían?

Cualidad abstracta, o impersonal, pero personal, porque no es algo sino alguien (para quienes lo tienen consigo). Yo, por mal ejemplo, sería un alguien sin “alguien”.

Los arrianos peleaban por imponer su naturaleza angélica pero antes tenían que discutir esa naturaleza angélica. Algo así como una criatura divina (sintagma que suele aplicarse coloquialmente a personas y cosas) que no reconoce origen.

Los tristes triteístas (ignoro si lo eran pero sonó bien para el trabalenguas), decían que era un dios menor, de segunda categoría, también increado, para poner el caldo más espeso. Invocado, angélico, pero increado. ¿En qué quedamos, era o no era?

Los católicos lo definían bien clarito: es otra divinidad, teniendo en cuenta que el principio divino es único. Fácil y para que todos entiendan.

Su procedencia también varía de acuerdo al origen, los relatores, el dios, y las distintas formas regionales requeridas. Los persignadores, por ejemplo, lo incluyeron para poder terminar el gesto.

Sobre sus dones hay más coincidencias: sobrenaturales para todos. Esto quiere decir que rompía las leyes de la naturaleza con algún toque fenomenal, que tampoco quedó documentado, trasmisible a los portadores. Calma. Los portadores, que ya lo tenían encima, adentro o donde fuere, no necesitaban ninguna trasmisión, pero si los dones sobrenaturales se trasmitían quien lo recibía se convertía en un Paráklito y ya no necesitaba más nada. No se aclaró si la trasmisión era completa o parcial, es decir si trasmitía todo el catálogo o sólo algunos dones discontinuos. Siempre queda alguna duda para la pura fe.

Todos coinciden en que era/debe ser  buen tipo, generoso, transparente como el aire, precisamente.

Tal vez por ello juntó más nombres que los jugadores brasileños, pero el usado para todo el zangoloteo era Espíritu Santo, no por bueno, aunque también; no por religioso, aunque también; no por canonizado, aunque también.

Ni que hablar de los adjetivos calificativos. Una lista interminable que ni Tato Bores (monologuista brillante) hubiera podido recordar.

Así y todo, todavía no llegó a santísimo. Tiene pendientes materias previas.

Pese a algunas versiones no era un tipo de darse aires. Ahí había empezado la discusión entre griegos y hebreos sobre su significado: los hebreos se inclinaban por el aire (¿sería por más barato?), los griegos por el espíritu o sea, lo mismo.

Volvamos al tema de los dones en presente. Si sos bueno (en cuyo caso no necesitás agregar nada) te puede prestar todo su listado de atributos. Si sos malo (en cuyo caso necesitás todo) arreglate solo y andá a mangarle dones a Magoya. Esto se vincula con el tema de los frutos. Si ya eras bueno con sus dones te volviste bueno. Si ya venís malo de fábrica, recurrí a tu espíritu de cabecera.

Dentro de la interminable discusión estaba la cuestión del aliento. Aliento así, como para limpiar los anteojos, soplido para insuflar vida. Este ya era un don de puta madre eh!, soplar y hacer adanes no era para cualquiera. Nada de halitosis, claro, vos te imaginás si vas a soplar para hacer un crío nuevo y le tirás una manada de placas bacterianas.

Lo menos comprensible de la leyenda es el chimento ese de que era guía de reyes y gobiernos, porque no les ha ido muy bien que digamos. O estos eran ya clientes de Magoya y no entraban en la guía o el don del GPS lo tenían en continuo recalculando.

También está el asunto ese de las profecías pero, si Saulo compadre ya lo encajaba en las epístolas, vamos mal porque el Saulo venía con sobredosis de visiones y apariciones. Así contagió a los apóstoles que eran simples y les cantó: ustedes invoquen, que total es buen tipo y no va a decir nada. Así fue como se abusaron y después lo usaron para tapar todos los agujeros negros de la explicación.

Con el tema del Pentecostés y todo eso de las lenguas de fuego, el ruido, y la sabiduría en delivery, hoy, para iluminar a todos los mediocres e ignorantes que nos perjudican con su ingrata presencia harían falta un par de Etnas en plena erupción.

Su título lo estrenó con el primer cristiano no judío que lo recibió: Cornelio. También con ese nombre o se hacía gentil, o lo hacían.

Como siempre, los bíblicos agregaron algún rasgo de prepotencia con eso de “El espíritu sopla donde quiere”. Muchos poetas lo aplicaron a la poesía, inocente de toda prepotencia, para expresar una certeza: “La poesía sopla donde quiere”. Amén.

 

Palabras Clave