Dos Goles y una enchilada - Por Paulo Dutra (Escritor brasileño)

Foto EFE

 

 

Llevo la amarilla encima. Apenas me queda. Creo que es la de 2002 pero no estoy seguro. En Brasil no me entraron ganas de llevar los colores mientras veía los partidos en aeropuertos, bares o hasta en la playa en Salvador porque todavía se asocian con una posición pseudopolítica. Sin embargo un amigo me hizo ver que de hecho esos colores son nuestros, de todos, y no solamente de una parte de los 200 millones de brasileños, y que por lo tanto ya es hora de reclamarlos. Hoy llevo la amarilla y trato de buscar un sitio en Nacogdoches (Texas) donde den el partido. Por gracia divina, los mexicanos, pese a la derrota frente Brasil, quizás me dejen entrar con la amarrilla a sus restaurantes, porque en uno de ellos será donde lo voy a ver. Es lo más parecido a Brasil con su atmósfera de fiesta, como demanda un mundial de fútbol. Y es donde uno se puede tomar una cerveza antes de la hora específica que los gringos establecieron como regla de buena conducta social sin estar pendiente de los comentarios. Ya se marcharon los uruguayos y sus grandes defensa y ataque. A ver que pasa entre Brasil, con su defensa sólida y ataque que sobra (en teoría) y Bélgica con su ataque que sobra en la práctica y defensa… bueno eso hay que preguntárselo a los japoneses. Queda una hora y espero gritar gol dos veces, como se hizo costumbre en este mundial, pero, si es para quedarme con la verdad, ojalá estén buenas las enchiladas y fría la cerveza porque el que anote Brasil dos veces no significa que ganemos.

 

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