ANÁLISIS: Barras bravas y la debacle del fútbol argentino

 

Por Alejandro Zavala Palacios

Hoy les voy a contar cómo es el funcionamiento de una barra brava en Argentina y sus 7 círculos concéntricos que le permiten funcionar con total impunidad. 
A ver... esto nadie me lo contó, yo lo viví de primera mano, bastó un buen contacto y mucho olfato periodístico para elaborar este reportaje. 
Una barra brava se maneja con un capo o cabecilla al que todos le tratan como a un jefe de cualquier trabajo y obedecen todas las instrucciones que emita sin posibilidad alguna de cuestionarlo o peor contradecirlo. 
Al lado de este Jefe, se encuentra un primer círculo de poder, son los encargados de manejar los otros 7 círculos concéntricos que soportan el actuar delincuencial de estas lacras. Cada uno tiene una responsabilidad, y cada uno debe responder por el manejo que haga de su espacio de poder a riesgo de ser (en este orden), separado, echado a patadas o asesinado y desaparecido si no cumple a cabalidad su tarea. 
Ahora, los 7 círculos:
1.- La Dirigencia: es por todos conocido en el mundo del fútbol que los dirigentes y los barras están conectados. No en vano al Jefe de la barra de River le encontraron 300 entradas (que se suponían agotadas) para la reventa más cientos de miles de pesos y dólares obtenidos de la reventa. Ninguna dirigencia es capaz de soportarse sin el apoyo de esta gente, ya sea para que no les griten en contra, amarren las elecciones o directamente se vean afectados en su seguridad ellos o sus familias. 
2.- Los Jugadores: es también conocido que los jugadores, a través de sus representantes o a veces ellos mismos, dan contribuciones económicas a los barras, quienes van a los entrenamientos y les piden directamente el “apoyo” muchas veces camuflados en supuestas obras sociales que no son más que dinero que se reparten entre ellos de acuerdo a lo que disponga el Jefe. Es más, muchos de esos recursos sirven para financiar abogados o estancias en las cárceles donde están recluidos algunos miembros de la organización. 
3.- La Política: es demasiado evidente la relación de los barras con los políticos. Es más, en muchos municipios e intendencias de la provincia de Buenos Aires, los barras son empleados municipales y parte del equipo que sale a hacer campaña cuando hay elecciones y a amenazar o “apretar” a los contrarios o a la oposición. 
4.- La Policía: dentro de la escala de corrupción de las Instituciones en Argentina, la Policía (toda: la federal, la metropolitana, la bonaerense) son una clara muestra de la peor corrupción que existe en ese país. Siempre están vinculados en temas de secuestros extorsivos y, en el caso del fútbol, su función es liberar (en colusión con la barra) ciertas zonas para: i) que se cometan robos a vehículos (como vimos ayer) o ii) a personas en las inmediaciones de los escenarios deportivos que ellos controlan.
5.- El narco y microtráfico de drogas: es bastante conocido que en el interior de los estadios de Argentina está absolutamente prohibida la venta de alcohol en cualquier presentación. Por aquello, las barras han creado un complejo y sincronizado esquema de venta de drogas (principalmente marihuana, paco – base de cocaína- y cocaína) que son introducidas en complicidad con la seguridad del estadio y la Policía a través de los bombos y banderas. Este es un negocio que genera inmensos recursos económicos e incentiva la violencia al interior de las barras por temas de competencia entre facciones de la misma. 
6.- Los llamados “trapitos” que no son más que los cuidadores de autos que cobran entre 300 y 400 pesos (unos 10 dólares) por la cuidada del auto y que son tan agresivos que te toca pagarles sí o sí que con más de 70 mil personas uno puede llegar a visibilizar el negocio gigante que produce eso en los dos días en que se iba a jugar el partido.
7.- El barrio: muchas veces, la gente de la barra se infiltra en el barrio a través de ganarse la confianza de la gente que tiene locales comerciales (kioskos, estaciones de servicio, locales gastronómicos, etc.) y luego esa gente se vuelve cómplice de la barra por las buenas o por las malas y se convierten en los ojos de los cabecillas mientras se desarrolla el partido y los capos están al interior. Ellos reportan cualquier anomalía, presencia policial o llegada de facciones rivales de los que manejan el tema. 

Así funciona este complejo entramado que permite a las barras actuar libremente en Argentina y causar temas tan horrendos como los que vivimos el fin de semana pasado. Espero haber contribuido a entender lo fuerte del tema y a que se entienda un poco más lo que está pasando en ese país que tanto quiero y admiro. 

* Alejandro Zavala es comunicador corporativo y consultor político

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